La sesión inaugural de LECTURALAB 25, organizada por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, reunió a Wilfried Admirall y Kristenn Einarsson para explorar un caso único en Europa: Lillehammer como laboratorio real donde la lectura, la participación ciudadana y la democracia se entrelazan para producir cambios visibles en la comunidad. Esta pequeña ciudad noruega de 20.000 habitantes, reconocida como Ciudad UNESCO y sede del mayor festival literario del país, ha desarrollado en la última década un modelo de cooperación que demuestra cómo la lectura puede convertirse en una herramienta estratégica para fortalecer los valores democráticos.
Lillehammer, un estudio de caso
Einarsson, profundamente involucrado en este proceso, explicó que el proyecto comenzó hace diez años y que, en los últimos cuatro, ha adquirido una estructura sólida que reúne a escuelas, bibliotecas, asociaciones culturales, organizaciones de minorías, autoridades educativas y representantes municipales. Todos participan en un consejo asesor que se reúne varias veces al año y en un comité de dirección que se encarga de dar continuidad al trabajo mes a mes. Esta coordinación permite un enfoque sistémico: el objetivo es no perder a ningún lector potencial desde la primera infancia hasta el final de la educación secundaria.
En Lillehammer, la experiencia lectora empieza incluso antes del ingreso a la escuela: durante el primer control sanitario del bebé, cada familia recibe un libro. Después, todos los kindergartens siguen un mismo programa y comparten una selección común de libros que se mantiene al pasar a primaria, para que el niño reconozca su universo lector sin rupturas. A partir de ahí, se suma una amplia red de actividades formales e informales que acompaña la lectura con conversación, expresión oral y escrita, pensamiento crítico y participación comunitaria.
Pero la lectura, explicaron, no es solo una habilidad técnica: es una herramienta esencial para comprender, analizar y navegar en un entorno saturado de información y, en ocasiones, de desinformación. Por ello, Lillehammer ha impulsado programas orientados a unir lectura, ciudadanía y libertad de expresión. Uno de ellos, «Oportunidades equitativas», promueve la formación de competencias ciudadanas en jóvenes hasta los 16 años, integrando actividades dentro y fuera de la escuela. Las iniciativas parten siempre de la autonomía docente, pero se prueban en aulas piloto antes de extenderse al resto de los centros. Este aprendizaje acumulado ha permitido acelerar procesos que antes requerían años: lo que antes tardaba cuatro cursos en generalizarse, hoy puede implementarse en uno.
Einarsson destacó dos prácticas especialmente exitosas. La primera es la lectura silenciosa diaria: todas las escuelas comienzan la jornada con 15 minutos de lectura libre, pero el acierto está en que cada estudiante puede elegir un libro que realmente le interese, gracias al trabajo conjunto entre docentes y bibliotecarios. La segunda es el encuentro anual con autores: cada año se seleccionan tres libros y tres escritores que visitan todos los centros. Los estudiantes preparan preguntas, conducen el diálogo y redactan posteriormente un texto reflexivo, integrando lectura profunda, análisis crítico y expresión personal. A esto se suma el protagonismo juvenil en el WEXFO, el Foro Mundial de Libertad de Expresión, donde jóvenes de 13 a 18 años toman decisiones reales: eligen ponentes, talleres, distribuyen presupuestos y organizan actividades. Cada año se invita además a más de cien jóvenes de cincuenta países para conocer este modelo y trasladarlo a sus contextos.
El impacto de estas acciones es medible. Noruega realiza pruebas nacionales de competencia lectora, clasificando a los estudiantes en cuatro niveles. Lillehammer ha centrado sus esfuerzos en reducir al mínimo el número de alumnos en el nivel más bajo y elevar a los que pueden llegar a los niveles superiores. Los resultados muestran que la ciudad avanza rápidamente en el ranking nacional y que cada vez hay menos estudiantes en los niveles más bajos y más en los más altos. Sin embargo, aún no existe una evaluación equivalente para las competencias ciudadanas, algo que preocupa a los responsables del proyecto y que se convierte en un reto inmediato: si el objetivo es demostrar la vinculación entre lectura y ciudadanía, es necesario disponer de herramientas sólidas para medirla.
Una red europea que vincula lectura y democracia
En este punto, Admirall y Einarsson presentaron los proyectos europeos que están en marcha. El primero, DemRead, busca integrar la lectura -y especialmente la lectura de alto nivel- dentro de la Educación para la Ciudadanía, no como un contenido transversal decorativo, sino como un elemento estructural del currículo escolar.
El segundo, DemRead Boost, aspira a crear una red de ciudades en Italia, España, Eslovenia, Alemania y Noruega (Florencia, Segovia, Liubliana, Maguncia y Lillehammer) para desarrollar actividades lectoras conjuntas y consejos juveniles europeos que participen en su diseño. El propósito es generar herramientas prácticas basadas en investigación y experiencia real que permitan extender el modelo de Lillehammer a otras ciudades europeas en menos tiempo.
La conversación concluyó con una reflexión sobre el contexto político actual. Según datos del Instituto V-Dem mencionados por Einarsson, el 72% de la población europea vive hoy en autocracias y, por primera vez en 25 años, las democracias liberales son minoría. Además, el indicador global de libertad de expresión cayó en 44 países solo el año pasado. Frente a esta tendencia preocupante, el trabajo de fomentar la lectura profunda, el pensamiento crítico y la participación juvenil adquiere una relevancia urgente. Lillehammer demuestra que es posible crear comunidades lectoras capaces de sostener valores democráticos; el desafío ahora es extender ese aprendizaje más allá de sus fronteras.





